CAPÍTULO 3.
CUERPO HUMANO: MATERIA
PRIMA DE LA AUTODEFENSA

Toda persona en algún momento ha escuchado que el cuerpo humano es la máquina más perfecta que existe. Tal vez esa idea se acerque bastante a la verdad, puesto que ciertamente es un virtuoso ejemplo de sincronización y eficacia. Tiene capacidad para desplazarse gracias al aparato locomotor, posee un potente músculo que constantemente filtra y bombea sangre y que se adapta automáticamente al esfuerzo, dos pulmones que consiguen extraer el oxígeno del aire y expulsar el dióxido de carbono, etc. Cada estructura está especializada en su labor y la cumple con precisión, de modo que si alguna de ellas falla, eso repercute en el resto del conjunto y este se ve afectado de una u otra forma.

El cuerpo es inteligente por sí mismo. Salvo que se den circunstancias especiales, para cumplir con sus funciones básicas solo necesita un aporte adecuado de alimento y oxígeno. Para acometer empresas superiores es susceptible de desarrollar la habilidad de mejorar y aprender. Una práctica correctamente guiada puede optimizar cualidades, habilidades y destrezas, gracias a sutiles procesos internos (como la mejora en la coordinación intramuscular o la adaptación al esfuerzo del sistema cardiorrespiratorio).

En 1983 Howard Gardner presentó su teoría de las inteligencias múltiples identificando inicialmente un total de siete tipos (que luego ampliaría a ocho). Entre ellas se encontraba una a la que denominó inteligencia corporal-cinestésica. Esto sacudió los cimientos de la Psicología, pues otorgaba la cualidad de inteligencia a un aspecto humano que se concebía como separado de esta: la percepción y el dominio del propio cuerpo. ¿Puede desarrollar con coordinación acciones físicas especializadas alguien cuyo cerebro y sistema nervioso no sean hábiles en su comunicación mutua?, ¿puede mantener el equilibrio en situaciones comprometidas si su cerebro no logra interpretar hasta qué punto algunos de sus músculos están tensos o relajados?, ¿pueden acaso expresarse eficazmente con el cuerpo propio sentimientos, ideas o conceptos de manera consciente?, ¿pueden ocultarse también de manera consciente? Tal y como lo expresan las autoras Pilar Ballester Martínez, Juana Antonia García López y María Rosario Bermejo García, «la inteligencia corporal-cinestésica incluye la habilidad de unir el cuerpo y la mente para la ejecución física perfecta. Todas las ejecuciones talentosas requieren un agudo sentido de la medida del tiempo y la transformación de la intención en acción. La inteligencia corporal-cinestésica es el fundamento del conocimiento humano, ya que a través de nuestras experiencias sensoriomotoras experimentamos la vida»[9].

«As pessoas expressam o seu estado emocional e mental através dos seus movimientos físicos»[178].
«Las personas expresan su estado emocional y mental a través de sus movimientos físicos».
PAUL VUNAK
[Traducción de INMACULADA CARRETERO SANJUÁN] «(…) el cuerpo es el punto de encuentro y comunicación con toda la comunidad humana y con todo el mundo de la vida»[59].
JOAQUÍN GARCÍA CARRASCO

 

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Nos movemos. Y nos relacionamos con el mundo a través de ese movimiento. Podemos gatear, reptar, caminar, saltar, correr, rodar, empujar, tirar, apretar, soltar, lanzar, golpear, etc. La manifestación física de todas esas acciones recae en última instancia en el aparato locomotor. Poco a poco, desde muy temprana edad, vamos experimentando las posibilidades de nuestro cuerpo. Con los años, el desarrollo de ciertas cualidades nos hará más capaces (correrá más quien alcance mayor velocidad, podrá apretar más fuerte quien tenga más fuerza, rodará más cómodamente quien posea mayor flexibilidad y aguantará más tiempo un esfuerzo quien tenga más resistencia). Pero todas las cualidades orgánicas deben estar convenientemente afinadas para su utilización. Habilidades psicomotrices como la coordinación, el equilibrio o la agilidad marcan el éxito de toda acción motriz.

«El ser humano es la única criatura que necesita ser enseñada a moverse de forma natural»[50].

MASAAKI HATSUMI

Sin la sinergia que representan el conjunto de cualidades y habilidades humanas, sería impensable pretender dominar conceptos inseparables de la autodefensa, como el manejo práctico de las distancias y ritmos de un combate, así como de los planos, ejes y secciones corporales.

3.1. Aparato locomotor en el cuerpo humano

En el cuerpo humano, el aparato locomotor lo configuran el esqueleto (sistema óseo) y la parte de la musculatura (sistema muscular) encargada del movimiento.

«Los huesos, músculos y articulaciones dan al cuerpo una estructura de soporte capaz de innumerables movimientos»[134].

STEVE PARKER

3.1.1. Sistema óseo

Como seres vertebrados, poseemos en nuestro organismo una estructura interna sólida constituida por más de doscientos huesos a la que denominamos sistema óseo. Este sistema tiene un elevado porcentaje mineral en su composición –en él se depositan nuestras reservas de calcio– y actúa como soporte estabilizador y motor, además de ejercer de coraza protectora para diferentes órganos. Como ejemplos, se puede destacar que los órganos de la cabeza se encuentran protegidos por el cráneo, que nuestra médula espinal (una de las partes del sistema nervioso central) está rodeada y protegida por la columna vertebral (la cual está compuesta por treinta y tres vértebras) o que otros importantes órganos internos, como el corazón o los pulmones, se alojan en el tronco dentro de un área ósea cuya parte frontal –denominada esternón– tiene forma aplanada y está ubicada en el pecho, quedando rodeados por los doce pares de costillas, de las cuáles cuatro de ellas se denominan flotantes porque su parte final no se une a ninguna otra estructura.

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Aunque firmes y resistentes, los huesos también poseen cierto umbral de adaptabilidad elástica frente a un traumatismo. Sin embargo, algunos hechos como recibir impactos demasiado contundentes o, en su caso, producidos contra superficies muy resistentes (tales como una barra de hierro o una piedra) pueden derivar con relativa facilidad en la fisura o incluso rotura de alguna de nuestras estructuras óseas. Esto puede implicar dolor intenso localizado, deformidad y alteraciones en la funcionalidad del miembro afectado, así como potencial amoratamiento (hematoma por hemorragia). Es posible que se perciba un sonido seco similar al crujido de una rama de árbol cuando esta se parte. Si ocurre esta lesión, inmovilizaremos la parte afectada y, si es posible, esperaremos en el lugar a los servicios sanitarios para no mover a la persona lesionada. En el caso de una fractura ósea, podríamos encontrarnos con ciertas complicaciones: por un lado, puede tratarse de una fractura abierta, siempre que el hueso haya atravesado todas las capas dérmicas y asome al exterior; en tal situación será necesario además detener la hemorragia y taponar la herida. Podemos considerar esta lesión como grave porque pueden verse afectados tejidos importantes (como nervios o vasos sanguíneos relevantes).

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Los huesos se relacionan entre sí gracias a las articulaciones. Esas son el punto de comunicación de diferentes huesos que se ubican uno a continuación del otro. Poseen diferentes grados de movilidad, pudiendo encontrarse articulaciones muy móviles, denominadas diartrosis (como el codo, la rodilla, la muñeca o el hombro, siendo esta última la más móvil de todas), hasta articulaciones sin movimiento, denominadas sinartrosis (como es el caso de las uniones óseas craneanas). Cuando los huesos comunicados entre sí gracias a una articulación pierden contacto, es porque su relación articular ya no es efectiva ni funcional, es decir, las partes óseas correspondientes han perdido su correcta colocación y ya no se encuentran conectadas. En ese caso nos encontraríamos ante lo que se denomina luxación, lesión caracterizada principalmente por cierta deformidad localizada (evidente colocación inusual de las estructuras que configuran la articulación), dolor muy intenso y falta de capacidad funcional del miembro afectado.

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